El Senado de Babel
El cuento del mes. Revista Escuela Oct 2010


Sucedió en Babel que por fin las diversas tribus comprendieron que el lenguaje mímico no bastaba a la inteligencia profunda de las cosas. Para subir ladrillos, preparar argamasa, disponer la plomada y numerar con los dedos tanto y cuanto, bien podían seguir haciendo gestos, gruñir cuando el otro no entendía, o darle una palmadita en la espalda cuando sí. Pero de ahí en adelante, todo era confusión, neblina mental.  La empresa común de elevarse hasta el cielo ya pronto demandaría la finura del verbo, mirando a lo esencial, que no era sino constituir un cuerpo de leyes, común a todos, respetado por todos. Y que sustituyera a la Vetula Hedionda Constitutio. Dado que eran cuatro las lenguas más extendidas entre las 17 tribus, llegaron a la conclusión, no sin arduos trabajos de deixis, golpes de bastón y aspavientos varios, de que a todos convenía designar una cadena de trujimanes; uno que entendiera dos de aquellas lenguas, las traduciría entre sí; un tercero que conociera otra, trasladaría a ésta última lo que hablaran las primeras; un cuarto que enganchara con la tercera, transformaría lo pactado a la cuarta. (Dialectos y verborreas locales, no entraban en el cómputo).

No resultó fácil encontrar a los intérpretes para esta cadena pactada. Tras varios ensayos, resultó que no siempre lo dicho en primera instancia se parecía a lo volcado en última; así, cuando para decidir cómo se habrían de cascar los huevos, si por la punta fi na o por la más redonda, antes de ponerles la sal, lo que llegó a la cuarta lengua fue que los guisos de castaña no precisan de azúcar. (De ahí viene el viejo dicho de “Se parece como un huevo a una castaña”). Si una de las tribus adoraba al Bous Cornifogat, otros lo hacían a Santiaguiño Turistiño; unos terceros a Euskalduna-Solo-Hay-Una; y no faltaban los de una turba  heterogénea que, con sospechosa vehemencia, aseguraban que nada había por encima de Virgo Fecunda Procesionis. Pero, como ya hacía tiempo que en Babel se había decidido que sobre religiones privadas lo mejor era no gesticular siquiera, continuaron buscando, en fi n, traductores más versados. Hasta que dieron con una docena y pico que parecían instruidos. Contando con que a ninguno de ellos le diera por entregarse a la libre tergiversación, no tuvieron más remedio que llegar a la conclusión de que así medio podían entenderse; y dieron por supuesto que un 30% de lo dicho se perdería inevitablemente en el galimatías transmisorio.

Lo malo fue cuando llegó la hora de pagar a los traductores. Aquella docena y pico exigió un importante peculio, dada la trascendencia de su misión. Así por encima, y sin entrar en engorrosos detalles del naciente Sindicato de la Verdad Traducida, se precisaban del orden de 350.000 dinares. Cuando esto supieron, los 17 jefes de las tribus se mesaron cabellos y barbas en ceremonia común; alguno se desgarró las vestiduras, pero fue puro teatro. Al cabo, convinieron en que ese era el precio de la Nueva Libertad. Tan solo uno de ellos rezongó por lo bajo: “Qué pena que no tengamos una lengua común, joder”.

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Videoteca
Entrevista en el programa `Saca la lengua´
Emitido el 19 de Noviembre de 2011 en la 2 de RTVE
Una breve visión de la biblioteca
El programa `El público lee´ de Canal Sur TV entrevista a A. R. Almodóvar a propósito de su biblioteca (25-09-2011)
La memoria de los cuentos
A. R. Almodóvar es el guionista de este documental emitido por TVE2 en el programa `Imprescindibles´ (18-03-2011)
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