Placer insólito

    El hombre acababa de descubrir un nuevo placer, un placer insólito. No creía que fuese pecado –cosa rara en los placeres–, pero por si acaso no se lo contó a  adie. La cosa era tan sencilla como esta: leer los periódicos un día después, cuando ya habían pasado los peores augurios y el mundo no se había hundido todavía. En cuanto a las noticias frescas, con la radio y la televisión tenía de sobra. Estos medios, además, ponían en las catástrofes cotidianas un grado tal de volatilidad, que permitía albergar sobre ellas una reserva, un último refugio para el incrédulo. O sería que su capacidad de alarma, la de él, estaba más que obrepasada. O que su instinto de conservación le obligaba a dudar de que la situación estuviese realmente tan mal como decían. En cambio con la prensa escrita no ocurría lo mismo. La letra impresa confería a la tormenta un prestigio ontológico, una fi rmeza incontrovertible, amén de abrir nuevas perspectivas sobre la espantosa realidad, con aquello del llamado periodismo de investigación, que no era más que una guerra de chivatazos… Por todo ello, el hombre sentía ya un verdadero horror por los periódicos, y decidió no leer ninguno más. En todo caso, él no había suscrito ninguna hipoteca desorbitada ni había cobrado sobresueldos ni había espiado a ningún contrincante, etcétera. Cierto que había votado al PP, pero esto solo su mujer lo sabía.

    Hasta que un día, en el bar donde solía tomar el desayuno, lo descubrió. Repasó un periódico del día anterior y sintió aquel placer extraño: podía interpretar libremente lo que allí venía, sin temor a que al día siguiente se derrumbara el universo. Pero, sobre todo, sin que ninguna de aquellas conspiraciones o desastres le concernieran a él directamente. Se regodeó en aquella sensación de superioridad, al leer las intrigas que se habían desatado en la podrida corte vaticana; se asqueó con los manejos del tal Bárcenas con el dinero más negro del país; se rió de los balbuceos de la señora Cospedal, toda una abogada del Estado, intentando colar la mayor trola de la Historia, y sin tener ni remota idea de lo que estaba diciendo. Se preocupó de que la corona estuviese sometida a un zarandeo de consecuencias imprevisibles… Entonces cayó en la cuenta de algo que le produjo una repentina desazón: la mayoría de aquellos escándalos llevaban muchos años cociéndose en la oscuridad, y solo ahora se conocían, generalmente por fi ltraciones interesadas. ¿Cuál sería la próxima ola? ¿Le afectaría a él?

    Mientras ponía el aceite en su tostada, volvió el hombre a repasar mentalmente su situación: desde luego, haber votado al PP no le protegía de nada, y en cambio tenía que soportar las pullitas de su mujer. Aún le quedaba por pagar un pico de una hipoteca del piso, aunque era una hipoteca normal; había sufrido ya dos bajadas de sueldo en su empresa, si bien era esta una entidad solvente que no estaba incursa en ninguna estafa… ¿Seguro? ¿No habría falsifi cado alguien su firma para una subvención inadecuada o para un préstamo impagable? ¿Y su pasado sindical de izquierda? ¿Y los pagos sin IVA? ¿Y…? La verdad es que súbita, inexplicablemente, el hombre perdió toda seguridad. Pero se terminó la tostada y decidió no pensar en ello. Aquel nuevo placer tenía que saborearlo. Y si algo le llegaba a ocurrir, ya se enteraría por los periódicos del día anterior. Aunque fuera desde la cárcel.




Videoteca
Entrevista en el programa `Saca la lengua´
Emitido el 19 de Noviembre de 2011 en la 2 de RTVE
Una breve visión de la biblioteca
El programa `El público lee´ de Canal Sur TV entrevista a A. R. Almodóvar a propósito de su biblioteca (25-09-2011)
La memoria de los cuentos
A. R. Almodóvar es el guionista de este documental emitido por TVE2 en el programa `Imprescindibles´ (18-03-2011)
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