Gulliver en Envidiápolis

Unos investigadores de la obra de Jonathan Swift acaban de toparse, en la húmeda biblioteca de una vicaría irlandesa, con un capítulo inédito de las aventuras del señor Gulliver.

Al principio creyeron se trataba de un texto espurio, una añagaza fi lológica, hábilmente colocada para burla y desconcierto de académicos engolados.

Pero un concienzudo análisis textual no ha dejado lugar a dudas: “Gulliver en Envidiápolis”, que así se titula el manuscrito, es el relato de una desconocida aventura del médico de La Graciosa de Su Majestad.

Relata el inquieto viajero cómo un nuevo golpe de mar lo arrojó en una chalupa, con solo él a bordo y varias vías de agua, contra unos acantilados rocosos, impulsado por la tormenta. Con las pocas fuerzas que le quedaban, consiguió ponerse a salvo, no sin antes romperse las manos en una escalada infernal. Todo un presagio –pensó después– de lo que le aguardaba en aquel áspero lugar. Pues no eran allí belicosos enanos, como en Liliput, ni arrogantes gigantones como en Brobdignac, sino gente por lo general humilde y laboriosa, normal de estatura, pero dominada desde siempre por una casta que se decía infi nitamente superior. Los miembros de esta casta eran guiados en todo cuanto hacían por una pasión diabólica: la envidia. Envidia contra todo aquel que destacase por méritos propios en cualquiera de las actividades superiores del ser humano, así en la ciencia como en las artes, la técnica como la magistratura…

Precisamente cuando Gulliver pisó las tierras de Envidiápolis, el espectáculo al que pudo asistir le pareció de una crueldad indescriptible: siete altos e imponentes magistrados, enfundados en brillantes togas, con bocamangas recubiertas de lindas puñetas, se disponían a juzgar a un colega suyo, al que consideraban descarriado y engreído, por tres causas sucesivas de lo más increíble. La primera, por haber osado espiar a unos delincuentes de armas tomar, mientras hablaban con sus abogados, bajo indicios de que estos podían no ser otra cosa que compinches. La segunda no logró entenderla, pues se refería a confusos movimientos de dinero, de no mucha consistencia. Y tercera, y más incomprensible de todas, por tratar de averiguar quiénes habían sido los responsables de una matanza de compatriotas en una dictadura atroz, durante y, sobre todo, tras una guerra que había sacudido al país varias décadas atrás, por causa de una sublevación militar contra el
gobierno de una república democrática. Acaso era esta la más peligrosa de las acusaciones que pesaban sobre el porvenir del acusado, pues en aquel extraño país los miembros de la casta que se decía superior, descendientes o representantes en su mayoría de los vencedores de la espantosa contienda, seguían disfrutando de casi todas las esferas del poder. Eso sí, siempre con las bendiciones de la Iglesia papista.

Asqueado por lo que estaba presenciando, Gulliver decidió regresar a Inglaterra, sin siquiera conocer el resultado de aquella persecución inexplicable, pero implacable. La sorpresa de los eruditos gira ahora en torno a esta sencilla pregunta: ¿Por qué J. Swift no quiso publicar este capítulo en su día?




Videoteca
Entrevista en el programa `Saca la lengua´
Emitido el 19 de Noviembre de 2011 en la 2 de RTVE
Una breve visión de la biblioteca
El programa `El público lee´ de Canal Sur TV entrevista a A. R. Almodóvar a propósito de su biblioteca (25-09-2011)
La memoria de los cuentos
A. R. Almodóvar es el guionista de este documental emitido por TVE2 en el programa `Imprescindibles´ (18-03-2011)
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