Barcelona

El Parlament de Cataluña no necesita proclamar ningún "sujeto soberano". Con Dúrán y LLeida ya hace tiempo que tiene "un soberano sujeto".


Hacía tiempo que no iba a Barcelona, ciudad que siempre he admirado y en la que he tenido –y tengo- buenos amigos. Cierto es que a los que escribimos en español cada día se nos dan menos oportunidades de visitar Cataluña por motivos profesionales, si bien no les va mucho mejor -en la estima oficial, por lo menos-, a los catalanes que solo escriben en la lengua de Cervantes. Tal vez por el tiempo transcurrido desde la última vez me deleité un poco más, recorriendo las calles de una ciudad que lucía espléndida, como siempre, en un mediodía soleado con bastantes banderas catalanas –menos independentistas- por ventanas y balcones. También puse atención a la lengua que se hablaba. Ahora me pareció oír más catalán que antes, aunque todas las personas con las que tuve relación se me dirigieron en correcto español y cuando yo les hablé primero, ninguno me puso cara rara. Eso sí, en el restaurante, un local bullicioso del centro, la carta solo se ofrecía en la lengua autóctona, por más que el camarero era ecuatoriano. Uno de los comensales se levantó y fue a la recepción a pedir la oferta culinaria en castellano. “Es mejor así”, comentó otro, como dando explicación a un hecho que ya se había instalado en la costumbre: si quieres la carta en castellano, tienes que molestarte en pedirla. Esto me desagradó. Como que casi siempre se emplee el término “castellano”, y no “español”, que es como se dice mayormente en el resto del mundo. De hecho, la palabra España y sus derivados se usan poco, más bien se rehuyen, por las tierras del LLobregat. Claro que fue más chocante enterarme –no pude verlo- de que los luminosos del Ayuntamiento, felicitando las fechas, lo hacían en siete u ocho lenguas, incluido el árabe –sabido es cuánto celebran los árabes la Navidad-, menos en castellano. Hombre, sabido es también que las puñaladas de silencio son las que más duelen, y quien omitió felicitar en la lengua de García Márquez sin duda lo tuvo en cuenta. Es lo peor del nacionalismo: su animosidad resabiada hacia todo lo que suene a España.

Pero vayamos al asunto que más importa: la percepción del soberanismo –menudo eufemismo-, en mi particular encuesta. En este punto, todos mis interlocutores se mostraron, en primera instancia, poco inclinados a hablar del asunto; pero conforme avanzábamos en la conversación, unos resultaron escépticos y otros abiertamente contrarios a la deriva final independentista. Todos, eso sí, compartían la idea de que no se trata más que de una fuga hacia adelante, un modo de esconder una calamitosa situación económica y de corrupción muy extendida y prácticamente impune. (Todavía no había saltado el asunto de Durán i LLeida, uno de los personajes que más han denigrado a Andalucía, ahora sabemos que presidiendo un partido que ha desviado hacia sus arcas del orden de 600.000 euros de ayudas europeas, precisamente destinadas a combatir el paro. No hace falta que el Parlament proclame ningún “sujeto soberano”. Ya tienen, desde hace tiempo, un soberano sujeto). No tuve, pues, la suerte de toparme con ningún nacionalista declarado. Claro que, entre mis interlocutores, había dos que acababan de regresar de una larga estancia en el extranjero y otra que suele viajar fuera, con manejo de varias lenguas. 

Ya sé que la Cataluña profunda tiene poco que ver con la Barcelona cosmopolita, pero precisamente eso también me preocupa. Que la ciudad abierta, donde se asientan varias de las más importantes editoriales en la lengua de 400 millones de hablantes, la que se asoma al mundo a través de sus universidades de alto nivel, pueda ser arrastrada por esta absurda oleada de desafecto –seamos finos- hacia lo español. 

Ya en casa, justo el día 1 de enero, escuché por el informativo de RNE la noticia de que el primer bebé del año había nacido en Cataluña. Correcto. Lo malo vino cuando, desde Madrid, dieron paso a la delegación en Barcelona, para el desarrollo de la información. Una locutora, sin cortarse un pelo, confirmó que, en efecto, allí había nacido el “primer bebé del Estado”. Cualquier cosa, menos la palabra que da nombre a la nación común. ¡Y era en Radio nacional de España!





Videoteca
Entrevista en el programa `Saca la lengua´
Emitido el 19 de Noviembre de 2011 en la 2 de RTVE
Una breve visión de la biblioteca
El programa `El público lee´ de Canal Sur TV entrevista a A. R. Almodóvar a propósito de su biblioteca (25-09-2011)
La memoria de los cuentos
A. R. Almodóvar es el guionista de este documental emitido por TVE2 en el programa `Imprescindibles´ (18-03-2011)
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