NI VULGARES NI GRACIOSOS
(En defensa del andaluz)

Publicado en la revista IMPRESIONES, de mayo de 2018

En las  últimas semanas hemos asistido a un  nuevo rebrote de la censura del habla andaluza, un añejo prejuicio contra el español que hablamos al sur de Despeñaperros, es decir, el andaluz. Lo digo así, en premeditado singular, pues tiene perfil propio más que suficiente para ser referente único del español de Andalucía, por encima de sus diversas modalidades; como decimos “español de América”, y no habrá mayores diferencias que las que se dan, pongo por caso, entre lo que se habla en el Río de la Plata y lo suyo en ciudad de México. 

Antes se nos tildaba de “hablar mal”, y hasta se pensaba en un “complejo de inferioridad lingüístico” de los andaluces  –un auténtico sinsentido, lo primero, y una penosa monserga lo segundo-, y se nos relegaba a la esquina  cultural de saineteros, cupletistas, cómicos de sal gorda y graciosos por obligación. La dictadura acabó de ahincar el estrambote, mayormente en el cine, donde nos tocó siempre hacer de graciosos malhablantes. Contaré una anécdota a propósito de esto: Hace unos años, me hicieron una entrevista de radio, desde una emisora madrileña, La locutora me saludó: “Buenos días, don Antonio”, a lo que yo contesté: “Buenoh diah!”Y ella: “¿Ay, pero qué graciosos son ustedes los andaluces!” Y yo: “Señora, solo le he dado loh buenoh diah.” A esto quedó un momento suspensa. Y en seguida: “¡Pues tiene usted razón! Lo siento”. “No se preocupe, estamoh acohtumbraoh! “ Y volvió a reírse. 

Todo eso parecía haber cambiado, gracias precisamente a una nueva hornada de actores y actrices que, desde hace algunos años, utilizan su habla materna en los diversos oficios del teatro, el cine, la televisión incluso, aunque procuran no acentuar. También a lo mucho que ya ha corrido la defensa del andaluz en las tribunas públicas. Pero he aquí que, precisamente en los nuevos formatos digitales, en las redes sociales, se ha recrudecido el estereotipo, como si se hallara en estado latente, dispuesto a resurgir a la primera de cambio.  No han faltado en esas valoraciones peyorativas representantes de estamentos sociales, como aquel obispo de Salamanca, al que molestó que los cofrades de su ciudad utilizaran expresiones propias de la Semana Santa de Sevilla; o munícipes de variado pelaje, que se burlaban del habla de algún político andaluz, o francotiradores de toda laya, a los que faltaba tiempo para mofarse del acento de algunos actores,  en series televisivas de fama; y también políticos de otras latitudes, todos como si fueran poseedores del marchamo castellano, algo así como un certificado de pureza idiomática, con la que zaherir a los andaluces, por cualquier motivo. No hay que ser un lince para avizorar, en el trasfondo de todo esto, una actitud supremacista de amplio espectro, no solo por el idioma, sino por otras cosas, de tinte social y económico. (Atraso cultural, subdesarrollo, etcétera). 

No deja uno de sorprenderse de la vitalidad enfermiza con que resurgen estos sambenitos, hasta el punto de que más bien se ha de creer en una cierta patología del castellano –no del andaluz-, al  arrogarse tan tercamente la libertad de crítica sobre uno de los fenómenos más revolucionarios de la lengua española, el que dio lugar al andaluz, por evolución propia y concentración de rasgos,  en muy poco espacio de tiempo –para lo que son las evoluciones de las lenguas-. En poco más de un siglo, entre el XVI y el XVII, Sevilla dio un paso de gigante en esos cambios,  y exportó alguno de ellos, como el seseo y la aspiración de –s trabada y otras, al español de América, con escala en Canarias. Otras zonas de Andalucía, como la oriental, desarrollaron sus propios rasgos, especialmente el de las vocales abiertas, tan característico. ¿Son vulgares, o son graciosas, o ambas cosas al  mismo tiempo las vocales abiertas? Cualquier afirmación en esos sentidos estará teñida de los mismos prejuicios. Otra cosa es que choquen,  de más o de menos, al oído foráneo, como la ese aspirada, el seseo o el ceceo. Lo más que podrá decirse es que hay algunos de esos rasgos que todavía no están prestigiados.  Y no hay que dar por acabado el proceso, que continúa, a veces generando autocrítica social, como sucede con el jejeo. Nadie como los mismos andaluces para advertirnos e incluso reírnos  de los límites que bordeamos con el uso peculiar del idioma común. Dicho con toda propiedad lingüística: de la norma andaluza. 

Artículos sobre el andaluz en Abecedario andaluz (Ed. Mágina, Barcelona, 2002) y Del balcón de tus ojos (Octaedro, Granada, 2009). En ambos casos, son artículos publicados en el diario El País, en distintas épocas. 




Videoteca
Entrevista en el programa `Saca la lengua´
Emitido el 19 de Noviembre de 2011 en la 2 de RTVE
Una breve visión de la biblioteca
El programa `El público lee´ de Canal Sur TV entrevista a A. R. Almodóvar a propósito de su biblioteca (25-09-2011)
La memoria de los cuentos
A. R. Almodóvar es el guionista de este documental emitido por TVE2 en el programa `Imprescindibles´ (18-03-2011)
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