UN NOBEL PARA LA DEMOCRACIA
Publicado en El Socialista, el 16 de octubre de 1977

Vicente Aleixandre

No es ningún secreto que la concesión del Premio Nobel de Literatura a Vicente Aleixandre ha cogido por sorpresa a la inmensa mayoría de sus compatriotas, incluida una buena parte de los intelectuales. Negarlo, o disimularlo, como han hecho ya bastantes comentaristas, no sólo es una inútil hipocresía, sino que viene a complicar todavía más la siempre difícil comunicación entre poesía y pueblo; viene a crear un innecesario complejo de inferioridad cultural entre mucha gente que, dadas las circunstancias que han rodeado a nuestro poeta, no tiene por qué sentirse culpable o víctima de su desconocimiento.

Incluso puede llegar a ocurrir que alguien piense que se trata de un galardón no enteramente justificado, y eso sería muy grave. Sin ignorar los sobrados merecimientos de cualquier otro poeta vivo de la generación del veintisiete, y aun de otros que vinieron después, quede bien sentado que la obra de ese sevillano-malagueño, extensa, lúcida y coherente como pocas, sólo puede tener iguales a ella entre los poetas españoles vivos. Siendo así, lo verdaderamente enriquecedor resulta, precisamente, cómo y por qué, la sorpresa. Pero antes convendrá la matización respecto al Premio Nobel en sí mismo. Si tenemos en cuenta que no siempre ha ido a caer en quienes más lo merecieron -y el tiempo lo demostró: Galdós y toda la generación del 98 fueron injustamente discriminados por las veleidades y los evidentes compromisos políticos de la Academia sueca- habrá que admitir que son algunos de los galardonados los que, de tiempo en tiempo, mantienen el prestigio del galardón, y no al revés. El caso de Vicente Aleixandre es, sin duda alguna, de los que prestan su obra para cubrir las muchas lagunas que hay en la política del premio.



Reconocimiento a nuestro idioma

Todavía hemos de salvar nuestra reserva al endiosamiento y al culto a la personalidad que estas conmociones culturales representan, aunque sean de agradecer en otros sentidos que están en la mente de todos y, desde luego, en el sentido de venir a reconocer el idioma y la cultura de un pueblo como el español, tras esa larga noche que aquí no merece ser nombrada.

Los extremos ridículos de un régimen que politizó hasta las piedras de este país (ellos sí, verdugos y mentecatos) quedan bien a las claras con este premio, si recordamos que hasta la poesía de Aleixandre, absolutamente inocente desde el punto de vista político, fue boicoteada y marginada, y todo porque su autor, un honestísimo republicano, se negó a abandonar su patria cuando otros no tuvieron más remedio que hacerlo, en aquella diáspora de nuestra cultura que a punto estuvo de hacernos perder la identidad como nación. (Claro que fue mucho peor haber estado a punto de morir de hambre).

El precio que Aleixandre pagó por esta resistencia fue conocido por muy pocos, los pocos que se atrevían, en los primeros años de la postguerra, a visitar aquel enclave de la cultura "de antes", en Velintonia, 3. Luego ya sería más fácil, y de hecho aquel reducto, un tanto enigmático siempre, se convirtió con los años en lugar de cita obligada para todo aquel que necesita respirar algo distinto a lo que la insípida cultura oficial nos despachaba en soporíferas y castrantes aulas, revistas o periódicos.

Siempre cordial, siempre animoso con los nuevos poetas.(“A trabajar con fe y humildad. Si hace usted viaje a Madrid con mucho gusto le veré en Velintonia”, escribía en aquellas tarjetitas postales del subdesarrollo) y con todo el que buscaba su contacto, sin duda alguna porque él mismo lo necesitaba para vencer el cerco, para superar tantas cosas: el asesinato de García Lorca, la muerte -ésta sobre todas- de Miguel Hernández, por abandono de sus carceleros; el no volver a ver a tantos amigos de promoción, Neruda entre ellos (juntos habían ayudado decisivamente al pastor de Orihuela en sus comienzos). Y las largas y penosas enfermedades, que lo tuvieron postrado durante años y años. Pero Vicente Aleixandre seguramente no dejó de escribir un solo día.



Poeta del cosmos

Hablar de la poesía de Vicente Aleixandre ha sido siempre como la prueba de fuego de los críticos. No sirven las palabras corrientes, ni las muletillas, ni las paráfrasis. El grado de pureza de lenguaje, la cosmovisión misma del poeta y la coherencia interna de la obra, sin dejar de ser un proceso evolutivo, la hacen prácticamente inabordable para el análisis corriente. Poeta del cosmos, desde la materia, poeta total, fue el que mejor y más profundamente incorporó a su obra la aportación revolucionaria del surrealismo (los jóvenes de hoy encontrarán en Aleixandre a su poeta, cuando lo conozcan, al lado, o más allá incluso, de Lautréamont y de Rimbaud, nuevamente de moda); el despliegue de imágenes, las aterradoras disyunciones, los juegos de palabras, la rima interna, las identificaciones inesperadas, y esos versos largos, como un fluir de la materia en inacabable pregunta:

"Mirando esta nuestra propia piel, nuestro cuerpo visible/ porque tú lo revelas, luz que ignoro quién te envía,/ luz que llegas todavía como dicha por unos labios,/ con la forma de unos dientes o de un beso suplicando,/ con todavía el calor de una piel que nos ama (...)/ ¡Ay amorosa cadencia de los mundos remotos,/ de los amantes que nunca dicen sus sufrimientos,/ de los cuerpos que existen, de las almas que existen,/ de los cielos infinitos que nos llegan con su silencio!"(La destrucción o el amor)

Dos bloques de obras, dos etapas, suelen distinguirse en Aleixandre, separadas, como en casi todos los miembros del veintisiete, por la guerra civil. La primera contempla el mundo como disgregación, de la que el hombre es testigo imponente, y va desde Ámbito (1928) a La destrucción o el amor (1933). El primero es un libro germinal, donde se contiene, en pequeño, todo el desarrollo posterior de la obra. La informe subjetividad, el vacío del yo, aparecen en Pasión de la tierra (1935), y un erotismo exultante, una auténtica liberación de los sentidos contra los esquemas burgueses, en Espadas como labios (1932), cuyo famoso poema "El vals", comienza:

“Eres hermosa como la piedra/ oh difunta;/ oh viva, oh viva, eres dichosa como la nave./ Esta orquesta que agita/ mis cuidados como una negligencia,/ como un elegante biendecir de buen tono,/ ignora el vello de los pubis,/ ignora la risa que sale del esternón como una batuta”.

La segunda etapa representa una búsqueda de la armonía, del sentido del mundo, del hombre que se crece en sus limitaciones, con una mayor tendencia a la expresión lógica. Se abre con Sombra del paraíso (1944) -aunque algunos consideran este libro como último de la primera- y se cierra con Diálogos del conocimiento (1974), donde Aleixandre, con palabras de Pere Gimferrer, "se propone hablar, precisamente, de aquello que se resiste a ser nombrado". Hay que añadir: como todos los grandes poetas, al depurar grandes preocupaciones. De primer libro es este "Nacimiento del amor":

“¿Cómo nació el amor? Fue ya en otoño./ Maduro el mundo,/ no te aguardaba ya. Llegaste alegre,/ ligeramente rubia, resbalando en lo blando/ del tiempo. Y te miré. ¡Qué hermosa/ me pareciste aún, sonriente, vívida,/frente a la luna aún niña, prematura en la tarde,/ sin luz, graciosa en aires dorados; como tú,/ que llegabas sobre el azul, sin beso,/ pero con dientes claros, con impaciente amor!”

Y del último, esta meditada angustia, acerca del conocimiento, cuando, en el diálogo de "Los amantes viejos", dice él:

“Oye la tierra/ como gime larga. Son sus pasos o su idea. No consigo/ decir aún lo que en el pecho vive./ Vive tu sueño y mira tus cabellos. ¿Son ellos los que ondulan/ cuando los pienso? ¿O es la noche a solas?/ Oh tú la nunca vista y siempre hallada./ La no escuchada -y siempre ensordecido./ De tu rumor continuo voy viviendo./ Cumplí los años, oh, no, cumplí las luces./ Cumplí tus luces misteriosas, y heme/ ciego de ti. Mis ojos fatigados/ no ven. Mis brazos no te alcanzan./ Después que te cumplí, como una vida, solo/ debo de estar, pues miro y tiento, y nadie,/ nada. El ojo ciego un cosmos ve. ¡No viera!”



Antonio Rodríguez Almodóvar

(Publicado en El Socialista, el 16 de octubre de 1977).





Videoteca
Entrevista en el programa `Saca la lengua´
Emitido el 19 de Noviembre de 2011 en la 2 de RTVE
Una breve visión de la biblioteca
El programa `El público lee´ de Canal Sur TV entrevista a A. R. Almodóvar a propósito de su biblioteca (25-09-2011)
La memoria de los cuentos
A. R. Almodóvar es el guionista de este documental emitido por TVE2 en el programa `Imprescindibles´ (18-03-2011)
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