Mesa Redonda sobre 'Don Juan' en el Instituto Cervantes de París
Texto abreviado de la intervención de A. R. Almodóvar sobre 'Don Juan a la luz del folclore'

Parecerá imposible que a estas alturas aún pueda enfocarse el mito de don Juan desde algún punto de vista novedoso. Pero no lo es, si nos atenemos estrictamente a la perspectiva antropológica de ciertos ritos arcaicos, de los que han quedado numerosos vestigios en los cuentos de tradición oral relacionados con la misma materia, tanto en España como fuera de ella.

Esos relatos populares (recogidos todavía en buen estado por los folcloristas del siglo pasado, como Aurelio M. Espinosa, Arcadio Larrea o Luis Cortés Vázquez) preceden con mucho a las versiones cultas del Don Juan, y aparecen también en Italia, Francia, Alemania, etcétera. Por otro lado, motivos folclóricos relacionados se encuentran en muchos otros lugares, incluso fuera de Europa, como  la América precolombina, África e incluso Oceanía. Todo ello, perfectamente acreditado en los estudios de Frazer o de Propp,  da idea del verdadero alcance que para la humanidad tuvo siempre este asunto, sólo eclipsado por la edificante beatería de los dramas españoles y el artificioso tratamiento que le han dado óperas y operetas.

Las raíces del mito universal corresponden a dos rituales principales: el de iniciación de los jóvenes a la edad adulta, y el del  culto a los antepasados, como forma popular de religión. Los cuentos de tradición oral hispánicos todavía recogen motivos esenciales de esas dos fuentes, en particular, el puntapié que un joven borracho propina a una calavera mal enterrada (que en ciertas versiones latinas medievales pertenece a un juez de mala vida, o sea, mal enterrado en castigo a su mal ejemplo) y el doble convite a cenar que se cruzan el muerto así ofendido y su profanador. También quedan ciertos vestigios de la cena necrológica que tenía lugar el Día de Difuntos, como en otras muchas culturas, con amplio despliegue de calaveras entre vasos y platos.

En dichos cuentos populares se repite la presencia de un cura, como mediador entre “el calavera” y la calavera, así como las reliquias de santos que el sacerdote proporciona al joven para que acuda protegido a su cita con el difunto. Estas reliquias suelen impedir que el último se lleve al otro mundo a su invitado, pero solo por unos días. Al cabo, el ofensor muere. A veces es conducido directamente a la tumba. Esta muerte sin más, y en plena juventud, es el mensaje fundamental. Para el pensamiento popular  no cabe mayor castigo. Pero también significa que el rito de iniciación ha fracasado. El joven no ha vuelto del reino de la muerte; solamente ha ido. La cristianización del mito (el cura y las reliquias) también ha quedado a medias, pues no concluye en la salvación del alma del joven. Sólo en las versiones cultas, y especialmente en la almibarada obra de Zorrilla, se produce dicha salvación y glorificación del arrepentido. Pero, curiosamente,  ni en este drama ni en El burlador... aparecen cura ni reliquias protectoras, porque ninguno de los dos parte de la historia de la calavera ofendida (que tenían bien a mano), sino de la historia de un libertino burlador de mujeres, que apenas se insinúa en algunos romances tradicionales. La potenciación de este factor, el de la lujuria perversa, convierte al personaje en doble burlador, de mujeres y de difuntos; rasgo literario que sí puede considerarse español.

Pero si examinamos detenidamente el aspecto esencial, que no es otro que el sentido de la muerte, veremos que en ambas versiones cultas se está más cerca del sentir popular que de la doctrina cristiana, a pesar de la intención de sus autores. En El Burlador..., el Comendador se lleva al inmoral con él al sepulcro, y no hay más. (“Húndese el sepulcro con Don Juan y Don Gonzalo”). El viaje de la muerte concluye ahí. En el segundo drama, se produce aquella glorificación y salvación teológicas; pero  es un final claramente postizo. El resto de la obra rezuma un mensaje distinto por completo: don Juan es un descreído que varias veces manifiesta su nula fe en que haya otra vida después de esta, para premiar o castigar nada. No es el típico mujeriego (como Miguel de Mañara, su presunto inspirador) que peca y se arrepiente. El verdadero Don Juan  está más cerca de la opinión de la gente común, que al menos en Andalucía sólo iba a la Iglesia el Día de Difuntos, a mantener un vestigio del antiguo culto a los antepasados, únicos moradores de un más allá familiar, sin infiernos ni paraísos. Lo que seduce –o seducía- al público de los teatros no era la leyenda bautizada, sino el carácter subversivo del personaje en todos los órdenes establecidos por la sociedad. (“No hubo para él segura vida, ni hacienda ni honor”).

En cuanto a que también sea un burlador de difuntos, su sentido es el siguiente: el culto a los muertos establecido por la Iglesia, como devoción a las almas del Purgatorio, fue una apropiación indebida –como tantas otras- de aquellas antiguas devociones a los antepasados personales, y como tal  bien está que sea destruido por ese mismo personaje. En ese momento, Don Juan representa el sentimiento inconsciente del público: toda la sociedad está montada sobre una farsa, o sobre una injusticia: el poder acumulado en torno a la riqueza hereditaria de la agricultura, garantizada por hijos legítimos, habidos de mujeres de honestidad controlada, y bendecida por el más temible de todos los poderes: el de aquellos que dicen hablar en nombre de  los dioses. Este libertino, salido de sus filas, hace bien en destruirlo todo.


Antonio Rodríguez Almodóvar
Escritor y filólogo, especialista en cuentos populares (Cuentos al amor de la lumbre).



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Videoteca
Entrevista en el programa `Saca la lengua´
Emitido el 19 de Noviembre de 2011 en la 2 de RTVE
Una breve visión de la biblioteca
El programa `El público lee´ de Canal Sur TV entrevista a A. R. Almodóvar a propósito de su biblioteca (25-09-2011)
La memoria de los cuentos
A. R. Almodóvar es el guionista de este documental emitido por TVE2 en el programa `Imprescindibles´ (18-03-2011)
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