Desde hace años, vengo sosteniendo que las literaturas folclóricas, y en especial los cuentos de tradición oral, son una huella elocuente de cómo muchos pueblos desarrollaron un intenso diálogo intercultural, hoy desgraciadamente perdido.
Ese diálogo se dio en tiempos lejanos, por encima de toda clase de fronteras, y fue más allá de las etnias, las lenguas, e incluso de las culturas oficiales escritas. Los pueblos, en sus relaciones directas, habrían demostrado de esta forma ser capaces de construir un marco de entendimiento común, que sólo la presión de las ideologías, las religiones históricas y el poder belicista han estado a punto de destruir por completo.
Por suerte, quedan numerosos vestigios de ese diálogo en todo el mundo, y principalmente en el que posee una misma base cultural indoeuropea, como para poder reconstruir la esperanza de una nueva época de entendimiento pacífico de la cultura. Mi esperanza, al menos, es que quizás no sea demasiado tarde...
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